Opinión _ Círculos cerrados

Círculos cerrados, el cementerio de Igualada

“El camino del samurai se encuentra en la muerte” _ Hagakure, Yamamoto Tsunetomo

El Cementeri Nou es una obra de Carme Pinós y Enric Miralles, que se terminó de construir en 1991 y que, luego, sería galardonada en 1992 con el premio FAD1 de arquitectura. El programa es bastante sencillo: está compuesto por nichos, panteones familiares, una capilla y una zona administrativa. El análisis y la compresión de esta obra se puede dividir en tres partes: lo arquitectónico, lo paisajístico y lo espiritual, aunque tal vez sea un error hacer esta división, ya que conforman un todo, un todo que dramatiza y sensibiliza la obra. El Cementeri Nou, en realidad, nos propone comprender sus metáforas y sus simbologías, a través de la arquitectura y el paisaje, que nos ayudan, además a analizar su espiritualidad.

Antes de empezar, creo que es pertinente aclarar que si bien las perspectivas de comprensión sobre lo que es la muerte y la vida pueden oponerse, no se puede negar que están ligadas más allá de la opinión individual de cada persona. Tal vez esto es, precisamente, lo que Miralles y Pinós buscaban poder crear, un lugar en el que cada uno pudiera tomar la decisión de entender cuál es la relación entre esas dos realidades difíciles de explicar o, por lo menos, de aceptarlas.

Apenas llegar al lugar, que se ubica bajo el nivel de la cota general, se entra en otro mundo, un mundo para reflexionar, donde los árboles que se encuentran en el pavimento son llevados por la corriente con el pasar del tiempo. Entendemos que la vida es tal vez el gran paso y, aunque es un enorme salto, fluye en una pendiente, como la de un río que baja y desemboca en algún sitio que desconocemos, la muerte.

La soledad, no como una carencia, sino como una búsqueda espiritual, está reafirmada con la pérdida del horizonte dentro de la obra, que nos aísla del mundo, pero con la apertura del cielo, que nos concede la libertad para reflexionar. Al mismo tiempo, no se está solo, porque el lugar fue concebido para que las personas que ya no están entre nosotros, nos acompañen y nos ayuden a comprender mejor nuestras dudas.

Aunque el tiempo en el lugar se pierde, como se sabe, el hecho no trasciende, pues no es importante el tiempo en sí, sino lo que hacemos con él. Pinós y Miralles puede que hayan tenido esto muy claro, ya que la combinación de los materiales que representan la naturaleza, la propia tierra, son materiales que se oxidan con el pasar del tiempo, que se envejecen y que, además, se describen como inacabados. La vida, y las acciones importantes de las cuales creemos que está hecha, tal vez es así, paradójicamente inacabada.

“En igualada, usar el lugar es hacerlo desaparecer”, dice Miralles y, tal vez, morir es vivir y, ahora que descansa ahí, vive para siempre.

Un ángel, tal vez la muerte. Collage imagen plano de Igualada y sketch

Un ángel, tal vez la muerte.

Sketch y texto por Agustín Antonio Patiño

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