Opinión _ La memoria

“Siento la ausencia de algo, un vigor en la expresión, esa suerte de empatía que, súbitamente, me asalta en una experiencia de la belleza y que aún no conocía antes de experimentarla, que me faltaba, y de la cual ahora creo saber de nuevo que me faltará siempre en el futuro. Nostalgia.”

_ Peter Zumthor[1], Pensar la arquitectura, hablando sobre belleza.

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Lo que ahora es el actual barrio del Poble Nou comenzó siendo una zona de producción agrícola en el siglo XII que duraría hasta el siglo XVIII. Este pasado industrial y de comercio agrícola permanece como una huella reconocible de la antigua malla urbana. La historia del barrio se forja, así, por su dinámica comercial, con las primeras fábricas textiles y con la revolución Industrial que llegaría en el siglo XIX. La industria abarcaría diversos sectores, en general, desde la producción de  comida hasta la textil, que siempre fue predominante, y se integraría en las raíces del barrio, configurando nuevos procesos y edificios, que definirían la densidad de la trama industrial. El espacio residual sería colonizado por viviendas en malas condiciones, siendo la patología del barrio que hasta hoy busca corregirse. En 1936, la Guerra Civil[2] afectaría gravemente al barrio, dejando a su paso bombas, hambre, frío, miedo, cicatrices que tardarían en cerrar. Como consecuencia de la guerra y el franquismo, se produce un gran retroceso en relación al progreso que hasta el momento había tenido el barrio. El nuevo siglo, sin embargo, inaugura un periodo de gestión pública que busca la transformación de este espacio y, por ello, actualmente, se encuentra en proceso el proyecto del Distrito 22@, que intenta rescatar el barrio, los espacios públicos y las naves industriales, en pos de generar un barrio de cultura, conocimiento, investigación e innovación.

“Para alcanzar este objetivo, se crea un nuevo modelo de ciudad compacta, donde las empresas más innovadoras conviven con universidades, centros de investigación, de formación y de transferencia de tecnología, así como viviendas, equipamientos y zonas verdes. De esta manera, se define un nuevo modelo económico basado en el desarrollo de cinco clusters sectoriales: Media, TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), Energía, Diseño y Tecnologías Médicas, y en la ejecución de diversos proyectos estratégicos que facilitan el crecimiento de las empresas, la creatividad, el networking, la atracción y retención de talento y el acceso a la innovación y la tecnología, entre otros.”[3]

Al día de hoy, y en este contexto, el museo Can Framis es la recuperación de una de las primeras fábricas textiles del Barrio, fábrica que fuera propiedad de la familia Framis. La concepción importante del proyecto es su visualización, formal y conceptual, como reinterpretación e integración con el pasado.  El museo se diseñó como una tipología “C”, conformada por tres bloques, dos de los cuales eran las antiguas naves industriales, ahora rehabilitadas, y donde el tercer bloque se propone, precisamente, donde quedaba la huella de otra antigua nave, configurando un patio interior abierto. Los materiales a los que se recurre, cómo el hormigón “vasto”, expresan contemporaneidad y, al mismo tiempo ,logran desenterrar el pasado industrial. Gracias a una capa de pintura gris,  materiales y formas como el ladrillo, las piedras, y los arcos que quedan de las antiguas naves, expresando el pasado reintegrado en el presente, sintetizan la idea del tiempo. Añadimos, además el elemento de la cota del edificio que se rebaja un metro y medio por debajo del nivel del “Plan Cerdà”[4] (1860-1888-actualidad), en una necesidad incesante por recordar lo que una vez fue el Poble Nou. Es lo que dota al proyecto de alma, excavando la verdad y no tapando las mentiras.

Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana.”

 _Eduardo Galeano

   El espíritu creador detrás de la propuesta de Can Framis es el estudio de arquitectura BAAS, fundado en 1994. No parece extraño el hecho de que hayan sido ellos los encargados de concretar este espacio para el Poble Nou, pues tienen como principales ideales de su arquitectura aportar con “soluciones sencillas pero sofisticadas, sin renunciar a la línea de expresividad y emoción, buscando la continuidad con la tradición y el contexto”.[5]  En Can Framis, podemos ver que el resultado de su filosofía es bastante acertado, reafirma su sencillez, en sus líneas simples y sinceras, pero no deja de lado la complejidad del edificio al enlazar las distintas naves con un espacio abierto que sirve para producir mutabilidad al programa y constituirse como posible punto de esparcimiento y encuentro social. La sofisticación resultante se concreta en el uso de los conocimientos adquiridos sobre nuevos materiales, como el hormigón.

   En cuanto a  tradición, contexto, expresividad y emoción, el estudio va mucho más allá y esto, seguramente, se debe a su arquitecto fundador, Jordi Badia. Cuando alguien actúa con coherencia entre su pensamiento y sus acciones, se dice que comprende lo que es la integridad. En este caso, las acciones del arquitecto parecen demostrar integridad para con lo que hace y piensa. Cabe mencionar que aparte de ejercer la docencia, escribe una sección para el diario “ARA” de Catalunya, donde demuestra su conexión con las raíces, el contexto, incluso, la tradición y su amor por la cultura catalana. Ya Gaudí[6] lo decía: “Para hacer las cosas bien es necesario, primero, el amor, luego la técnica”. Su obra, en general, se especializa en la rehabilitación, como en el caso de Can framis, lo que da cuenta de su interés por recuperar el pasado en un contexto de modernidad, obras que enaltecen sus ideales y comprueban su integridad.

“Claret seguia deixant anar perles a l’article: “Suposadament el disseny ha de tenir com a prioritat les persones, però a la pràctica és habitual que molts altres interessos es barregin i hi passin per sobre. El factor humà hauria de destacar sempre sobre les altres qüestions. El més important d’un disseny no és l’objecte final acabat, sinó per sobre de tot el que éscapaç de promoure, generar, catalitzar”. No hi puc estar mésd’acord.”

 _Jordi Badia, Factor Humà[7]

” Claret seguía soltando perlas en el artículo : ” Supuestamente el diseño debe tener como prioridad las personas, pero en la práctica es habitual que muchos otros intereses se mezclen y pasen por encima . El factor humano debería destacar siempre sobre las demás cuestiones. Lo más importante de un diseño no es el objeto final terminado, sino por encima de todo lo que es capaz de promover , generar, catalizar ” . No puedo estar más de acuerdo.”

_Jordi Badia, Factor Humà

Lamentablemente, el museo es uno de los pocos ejemplos de lo que realmente sucede en el Distrito 22@, pues el proyecto, en su conjunto, ha perdido la fuerza de su propuesta inicial de combinar arquitectura enfocada a la innovación con equipamientos culturales, combinación que debería haber permitido nuevos espacios de interacción urbana. Un ejemplo para contrastar con el museo Can Framis es El Media TIC[8] que, impuesto sin un enfoque acertado, se contrapone en el lugar, sin compresión del lugar en el que se sitúa, pues no toma en cuenta factores importantes como la tradición, la emoción, la expresión o altos ideales. Es un edificio desperdiciado, casi en “desuso”, y que no obstante proponía innovación y el uso de nuevas tecnologías, en la realidad reafirma que no basta la utilidad que se desee dar a una edificación, que los proyectos necesitan alma, generar ciudad, integrarse en el paisaje y plantar sus raíces profundas como el museo Can Framis. El Media TIC, en ese sentido y en contraste con el museo Can Framis, expone la pérdida de integridad de una ciudad y la falta de modelos verdaderos con los que se pueda trabajar de manera correcta, íntegra. El actual modelo de arquitectura, y de política, prefiere el “Star-system”, en el que la arquitectura es solo una fachada para tomar fotos y atraer dinero, olvidando las verdaderas y fundamentales prioridades de las ciudades (equidad, inclusión, etc.). Del otro lado, edificios como el museo Can Framis construyen ciudad, son los edificios dónde uno quiere quedarse, los que nos invitan a pasar,  los que interactúan con la sociedad, proponiendo el cambio social que tanto se espera. Su diálogo con el usuario urbano es claro, el espacio está configurado para que el usuario se quede en el lugar y no lo vuelva a dejar, le otorga privacidad y comunión al mismo tiempo. Además, genera relaciones con otros edificios y equipamientos, como con la Universidad Pompeu Fabra[9], por ejemplo. De esta forma,  crea verdaderas conexiones con directrices precursoras de integración, conocimiento, cultura, desarrollo y verdadero cambio social.

“La presencia de determinados edificios tiene, para mí, algo secreto. Parecen simplemente estar ahí. No se les depara ninguna atención pero sin ellos es casi imposible imaginarse el lugar donde se erigen. Estos edificios parecen estar fuertemente enraizados al suelo. Dan la impresión de ser una parte natural de su entorno y parecen decir: Soy como tú me ves, y pertenezco a este lugar. Despierta toda mi pasión poder proyectar edificios que, con el correr del tiempo, queden soldados de esta manera natural con la forma y la historia del lugar dónde se ubican”

 _ Peter Zumthor, Pensar la arquitectura.

   No es fortuito, entonces, que el proyecto haya sido reconocido con premios y publicaciones destacados. Entre los premios con los que ha sido galardona esta obra se encuentran: el premio Ciutat de Barcelona, el premio FAD de la opinión y variadas menciones de honor, que acentúan la importancia del proyecto[10]. Sus presencia en  medios impresos es significativa, sobre todo, en  revistas especializadas de arquitectura con renombre como Arquitectura Viva, Detail (detalles constructivos), AV monografías, El croquis, ON diseño, y en muchos medios digitales como Plataforma Arquitectura.[11] Esto le ha dado reconocimiento local, nacional e internacional. Toda la publicidad no ha impedido que el proyecto haya logrado un equilibrio conjunto con el arquitecto, en el que ninguno de los dos se impone sobre el otro ,proyecto y arquitecto forman parte de un fin común. Esto no significa, sin embargo, que no debamos estar atentos frente a aquello que divulgan los medios (tanto actuales, como tradicionales) y que podamos renunciar al cuestionamiento, pues ya sabemos que, en el caso de la arquitectura y otros en general, la realidad puede ser tergiversada en la consecución de fines menos idealistas.

Los numerosos reconocimientos y publicaciones nos dejan ver, con seguridad, que la arquitectura puede ser apreciada o evaluada desde distintas visiones y posturas, y que, para muchas de ellas, Can Framis es un ejemplo de “buena arquitectura”. Sin embargo, no debemos olvidar que es necesario reconocer y conocer todas esas  visiones, comprender todas las miradas o, al menos, muchas de ellas, aprovechando las nuevas tecnologías en el ámbito de la comunicación.

   En esta obra, el ciclo se cierra de forma continua y bien lograda, pasando del arquitecto al proyecto y a las personas y, con ello, a su plano de productividad. Con Can Framis se han conseguido acoplar los elementos de continuidad y cambio; se ha conseguido implantar una verdadera transformación social, porque, en armonía, coexisten el edificio, su composición, los materiales, el lugar y su aporte a la comunidad. En la descripción del proyecto, por parte del estudio, se remarcan las palabras herida y cicatriz, el proyecto comienza como una enfermedad, como un animal herido en batalla, pero al mismo tiempo termina siendo un tipo de cura, para los problemas sociales del lugar, para la falta de recuerdos sobre su pasado, y de lo sufrido. De una forma positiva, cierra esas heridas y mira hacia el futuro. Las visiones de cómo se logra llegar a este tipo de soluciones pueden ser varias, en el arte no existe lo correcto o lo incorrecto. Hay coherencia y trabajo. Ahora, tal vez, es el tiempo de mirar hacia atrás durante un instante, para comprender y ver por lo que se ha pasado: el premio, la confrontación, las herramientas, las primeras ideas, la forma de las ideas, la naturaleza, la técnica, la guerra, el frío, el miedo, las alegrías, los primeros pasos, el nacimiento y decidir que lo más importante son las personas, que por nosotros, por ellas, trabajamos y que por ellas recuperamos lo que se suele perder, lo que miramos con nostalgia, como si no se pudiera recuperar y que espero no nos vuelva a faltar: la memoria.

 

Bibliografía específica digital

 

 

 

 

 

 

 

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